Ayuno y abstinencia: ¿Qué nos enseña la Santa Iglesia?

Fecha: 14 de febrero de 2024

El ayuno, la abstinencia y la conversión son practicas que están intrínsecamente relacionadas, ya que el hecho de privarnos de comida y/o bebida nos permite dominar nuestras pasiones y reestablecer un equilibrio a nivel espiritual. 

En un mundo donde el consumismo ha llevado a la humanidad a la búsqueda constante de la satisfacción sensorial y del placer, la Iglesia nos presenta estas herramientas como un medio seguro para combatir el apetito concupiscible, alcanzar el crecimiento espiritual y afianzar nuestra relación con Dios, ya que implican una renuncia consciente. 

La mayoría de los fieles acostumbran a hacer ayuno y abstinencia, principalmente en momentos importantes como la Cuaresma y el Viernes Santo. Sin embargo, muchas veces dejamos de lado estas prácticas que están contenidas en el Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica (cánones 1250 al 1253), el cual explica claramente quiénes deben participar, cuándo y cómo deben llevarse a cabo.

¿Qué es la abstinencia y el ayuno?

La abstinencia se refiere a la renuncia voluntaria a ciertos alimentos, en particular la carne, como un acto de penitencia y solidaridad con los que sufren. Por otro lado, el ayuno implica reducir la cantidad de comida consumida durante un día determinado.

¿Quiénes están obligados a hacer abstinencia y ayuno?

Acorde a lo que dice el Código de Derecho Canónico, los fieles católicos mayores de 14 años deben abstenerse de comer carne todos los viernes del año, no solo durante la Cuaresma, a menos que haya una celebración litúrgica importante que coincida con un viernes. Por otra parte, el ayuno es obligatorio para los adultos entre 18 y 59 años dos (2) días del año: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

¿Cuál es el propósito de estas prácticas?

Tienen como objetivo recordar a los fieles la importancia de la mortificación y el sacrificio en la vida cristiana. El ayuno y la abstinencia son actos de penitencia y solidaridad con el sacrificio de Cristo en la cruz, que no se realizan por mero cumplimiento de normas, sino como una forma de unirse a la pasión de Nuestro Señor, quien ayunó en el desierto y se sacrificó por la salvación de la humanidad. 

Su propósito principal es permitirnos abrir el corazón a la gracia santificante, alcanzándonos una mayor intimidad con Dios y una mejor disposición para vivir de acuerdo con su voluntad. 

Por este motivo, todos los fieles católicos estamos invitados a poner en práctica estas disciplinas como una forma de enriquecer nuestra vida espiritual y de prepararnos adecuadamente para las celebraciones litúrgicas de la Iglesia. 

Que este tiempo de penitencia nos conduzca a una mayor cercanía con Dios y a una vivencia más plena de nuestra fe cristiana.