La clave de una buena confesión

Fecha: 6 de marzo de 2024

A lo largo de la vida, muchas veces tomamos decisiones que nos llevan a obrar de manera pecaminosa, es decir, a incumplir los 10 Mandamientos. Pero conociendo las inclinaciones de nuestra naturaleza, Nuestro Señor instituyó una práctica espiritual sumamente valiosa, a través de la cual derrama su Misericordia sobre nuestras almas, y no es otra que el sacramento de la penitencia o de la reconciliación. 

Para hacer una buena confesión, no basta con acercanos al sacerdote y decir nuestros pecados de manera vocal, pero sin ningún tipo de arrepentiemiento. Por este motivo, es muy importante que antes de acercarnos al confesionario cumplamos con cincos pasos para hacer una buena confesión.

  1. Hacer un buen examen de Conciencia:

Nuestra Familia Religiosa ofrece una guía que tiene como objetivo ayudarnos a analizar nuestro obrar a lo largo de la vida, de manera que podamos recordar, arrepentirnos y, después, entregar nuestros pecados al confesor sin engaños.

Con respecto al examen de conciencia, dijo el Santo Padre Benedicto XVI que nos educa a mirar con sinceridad la propia existencia, a confrontarla con la verdad del Evangelio y a valorarla con parámetros no sólo humanos, sino también tomados de la revelación divina.  


  1. Arrepentimiento o dolor de los pecados.El arrepentimiento es sinónimo de rechazo al pecado. Al tomar conciencia de cuáles han sido nuestras faltas, debemos pedirle a Dios la gracia de sentir dolor verdadero por haberlo ofendido.
  1. Propósito de enmienda. De nada sirve confesarnos si nuestro propósito no es la conversión. Cuando la contrición es auténtica, el alma experimenta un rechazo a los pecados y un deseo de no volver a cometerlos. Puede haber caídas por causa de la debilidad, pero lo más importante es no consentir el pecado y luchar contra él. 
  2. Confesión vocal de los pecados.Es muy importante dejar de lado el orgullo y la vergüenza para confesar todos y cada uno de los pecados cometidos como lo indica el Catecismo de la Santa Iglesia Católica, pues ocultar voluntariamente aunque sea uno solo y/o realizar confesiones sacrílegas, sería causa de condenación eterna. Tengamos presente que aunque sea el sacerdote sea quien nos escuche, es Jesús mismo quien nos perdona.

¿Por qué debemos confesarnos con un sacerdote?

Recordemos que Jesucristo instituyó el sacramento de la confesión cuando le dijo a sus apóstoles y, por medio de ellos a sus sucesores: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos» (Juan 20,22-23). 

  1. Recibir la absolución y cumplir la penitencia. Este es un momento de Misericordia, porque cuando el sacerdote recita la fórmula de la absolución, no solo recibimos el perdón de Dios, sino que también recuperamos el estado de gracia. La penitencia es un acto sencillo, pero muy valioso, que representa nuestra reparación por la falta que cometimos.

Aprovechemos este tiempo cuaresmal para hacer una confesión de vida, reconciliarnos con Dios y reparar por las muchas faltas que hemos cometido. Recordemos que el Padre Amorth, afirmaba que una confesión sincera equivale a tres exorcismos. Acerquémonos con confiaza al confesor y acojámonos a la infinita Misericordia de Dios.